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Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

2. LA REUNIÓN DORADA Y LA SENTENCIA A LA HUMANIDAD
Cataclismo 2012
Información
Volumen 1
Capítulo 2
Saga Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
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Titulo CAPÍTULO 2: LA REUNIÓN DORADA Y LA SENTENCIA A LA HUMANIDAD

Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo

Santuario de Atenea. Cámara del Patriarca Editar

En dos formaciones de seis a cada lado y con expresión neutral en el rostro, se encontraban reunidos por primera vez los doce Santos Dorados de la nueva generación. Todos sin excepción esperaban con impaciencia la llegada de su diosa. Estaban intrigados por conocer el porqué de la repentina convocatoria.

Aquel cálido cosmos se hizo presente, dando una sensación de paz a todos los asistentes. La cortina de seda delante del trono del Patriarca se abrió revelando la figura de Atenea, mas había algo que no encajaba.

—Saori… ¿por qué estás vistiendo la armadura divina de Atenea? —cuestionó incrédulo Hyôga de Acuario, al ver a su diosa en los ropajes sagrados.

Esa era la misma duda que tenían los demás Dorados, pero ninguno supo cómo reaccionar ante tal hecho. Para la mayoría de ellos, la experiencia de contemplar a Atenea en toda su magnificencia, era una experiencia nueva y sobrecogedora. 

Santuario de Atenea. Exteriores de la Cámara del Patriarca Editar

Kenji y sus dos acompañantes habían conseguido un lugar privilegiado para observar y escuchar los pormenores de la reunión desde el exterior del edificio. Para fortuna suya, ninguno de los asistentes dentro del templo parecía notar su presencia o siquiera escuchar sus conversaciones.

—¿Por qué seguimos a este cabeza dura hasta aquí? Mi maestro Shun me va a castigar si me descubre husmeando en la reunión —se quejó la contrariada Guerrera de Andrómeda.

Kenji ni siquiera le prestó atención. Estaba embobado contemplando la figura de Saori ataviada en su Kamui.

Con curiosidad Anna y Senshi también miraron al interior del recinto y se quedaron atónitos con la escena. Para ellos fue algo maravilloso ver a la diosa en armadura acompañada por sus doce protectores dorados.

—Algún día nosotros vestiremos también esas armaduras doradas y cuidaremos de Atenea —pensó en voz alta Senshi con los ojos iluminados de emoción—. Haremos que todos ellos se sientan orgullosos…

Al escucharlo, sus dos compañeros asintieron en silencio con una sonrisa que mostraba gran determinación.

Un fuerte golpe en la nuca regresó a Pegaso a la realidad. Los tres se voltearon alarmados para ver al culpable de la agresión.

—Tenías que ser tú, Evan —se quejó enojado el agredido—. Siempre golpeándome por la espalda.

—Ya no lo haré más. Tanto golpe que te doy en la cabeza está afectado tu capacidad de razonar. ¿A qué imbécil se le ocurre venir por su cuenta a una Reunión Dorada?

El Fénix dirigió una mirada furiosa a Anna y Senshi.

—¡Y ustedes dos, lo siguieron como ovejas!

—¡No nos fastidies, amargado! —lo desafió Anna, quitándose momentáneamente la máscara para luego mostrarle la lengua en mueca burlona—. ¡Nosotros hacemos lo que queremos! ¡Feo! 

—¿Acaso quieres provocarme para que pelee contigo, mocosa? ¡No durarías ni dos segundos! —la retó iracundo Evan a punto de encender su cosmos, acción que los habría delatado enseguida.

—Basta… por favor… Nos escucharán —musitó insegura Natassia, quien había pasado desapercibida desde que llegó con el Fénix.

El tono suave de la intervención de la Amazona consiguió calmar los ímpetus de los compañeros de bronce, quienes para ese momento se observaban desafiantes con los ojos encendidos.

—La chica Cisne tiene razón. Ya arreglaremos nuestros asuntos más tarde, así que no hagas tanto ruido y mejor quédate con nosotros para ver la reunión —le sugirió la castaña con una actitud más tranquila, al tiempo que cubría nuevamente su rostro con la careta metálica.

A regañadientes y sin tener más opción, el Fénix aceptó la propuesta sin decir una palabra. Su curiosidad lo obligó a ponerse en posición estratégica para observar y escuchar dentro. Natassia lo imitó y así los cinco Caballeros de Bronce pusieron atención a lo que estaba a punto de acontecer.

Santuario de Atenea. Cámara del Patriarca Editar

El silencio se volvió eterno en el lugar. Todos tenían el presentimiento de que las noticias que daría la diosa no serían nada buenas, juzgando por la expresión de preocupación en su rostro. El hecho de que no haya respondido a la pregunta de por qué vestía su Kamui, también era una mala señal.

—Mis Santos, se acerca el momento de la batalla definitiva para decidir el destino de la humanidad —declaró al fin Saori con un tono implacable, rompiendo así el silencio que reinaba en la sala. Su delicada pero fuerte voz hizo eco en la vacuidad de la cámara—. He recibido en un sueño nuestro ultimátum definitivo.

El discurso de Atenea fue interrumpido por el desorden de las conversaciones de desasosiego entre los Santos de Oro.

En ese momento, la tranquila voz de un guerrero sonó más fuerte que las del resto:

—Controlemos un poco los ímpetus, compañeros. Que nuestra diosa nos informe los pormenores de la situación y luego planearemos la estrategia adecuada para enfrentarla.

La actitud conciliadora y elocuencia del Caballero de Capricornio consiguieron restablecer el orden. Eleison era conocido por ser el más tranquilo y carismático de los Dorados. Su actitud calmada y amable se complementaba perfectamente con su apariencia angelical y atractiva.

—Ya que mis compañeros le escuchan atentamente, continúe por favor, señorita Saori —concluyó el Santo haciendo una elegante reverencia.

La diosa no perdió el hilo del mensaje que debía dar a los suyos:

—La advertencia no me fue dada solo en un sueño. La he confirmado tras pasar jornadas de meditación en Starhill —les informó, para luego hacer una pausa para reflexionar—. Les mostraré lo que hay en la luna…

El cetro de Niké proyectó una nítida imagen en el piso de mármol.

—Algo como esto solo pudo ser grabado en las rocas lunares por un poder superior. Una fuerza divina… —concluyó Atenea.

Los doce se aglomeraron alrededor de la imagen. Lo que vieron los dejó sin aliento.

—Es… el símbolo de la ‘Nueva Vida’… —fueron las únicas palabras que pudo articular el Caballero de Libra, observando el dibujo complejo de un árbol tallado sobre una roca en el satélite de la Tierra.

—Así es Shiryû, desde tiempos mitológicos temimos que llegara este día. Una voluntad superior ha decidido dar nacimiento a una nueva raza en la Tierra, la cual reemplazará a la humanidad entera. Las vidas de millones han sido sentenciadas con este emblema en la luna.

—Saori, sin duda aquel símbolo representa un mal presagio, pero ¿a qué te refieres con una “voluntad superior”? —cuestionó inusualmente nervioso el Santo Ikki de Leo.

—Mis compañeros, los dioses olímpicos, fueron derrotados por el ejército de Atenea en pos de la protección de la Tierra. Sin embargo, no somos las únicas deidades que existen en el Planeta. Otro dios ajeno a los griegos está planeando la destrucción de los humanos —explicó Atenea centrando su atención en la imagen proyectada—. Adicional a esto, una de las cosas que más me preocupa es lo que está tallado bajo la imagen...

Saori se refería a una perturbadora secuencia de números grabados bajo el símbolo de la ‘Nueva Vida’. Parecía ser una fecha que todos supusieron era el día en el que el juicio divino tendría lugar.

—21/12/2012… 21 de diciembre de 2012 —intervino Hyôga de Acuario con un hilo de voz—. Si eso es cierto, entonces tenemos menos de una semana…

Un silencio sepulcral invadió el recinto. El desconcierto y la tensión reinaron en ese momento.

El único que tuvo ánimo de hablar ante tales circunstancias, fue Seiya:

—Vamos amigos, no nos desanimemos tan pronto. Es cierto que no sabemos nada del enemigo, pero de algo sí estoy muy seguro… —comentó con gran confianza el Santo de Sagitario, haciendo una pausa para regalarle una gran sonrisa a su diosa—. Estoy seguro de que daríamos nuestras vidas por protegerte a ti y a la humanidad. ¡Solo confiemos en nuestro propio poder! ¡Detuvimos a Zeus y podremos vencer a cualquier otro dios que nos amenace!

Las palabras del castaño consiguieron levantar un poco los bríos de sus compañeros de oro.

—«Como siempre animándonos, Seiya —reflexionó Shun, observando sonriente al antaño Pegaso—. Por más fuerte que sea el enemigo, no te rindes nunca, amigo. Ese es el valor que necesitamos en estos momentos de crisis».

En el exterior, los jóvenes de bronce se habían enterado también de la situación y no supieron cómo reaccionar.

Al ver la actitud de Seiya frente a sus compañeros, Kenji no se quedó atrás y decidió también hacer su parte con los suyos.

—¡Ya lo escucharon, señores! Nosotros también lucharemos junto con nuestros compañeros dorados para proteger a la señorita Saori. ¡Saldremos victoriosos de esta batalla!

Las palabras del actual portador de Pegaso no consiguieron animar a sus colegas de Bronce. Los cuatro se encontraban en una especie de shock, el cual no los dejaba salir de sus cavilaciones.

—Es un dios… nuestro enemigo… es un dios —fue la única frase que pudo balbucear con dificultad Natassia de Cisne.

—¡Pues algo tendremos que hacer! ¡No nos rindamos sin antes luchar! —gritó Kenji en un intento desesperado por imprimir valor en sus amigos.

Su voz resultó ser demasiado audible, así que en un impulso, Anna de Andrómeda saltó sobre él y le cerró la boca con la mano.

—¡Silencio, torpe! —le susurró enojada la Amazona—. ¡Harás que nos descubran!

La atención de todos quienes estaban dentro de la cámara del Patriarca fue dirigida al exterior, pero no por el ruido de las palabras de Kenji. Algo siniestro había arribado al Santuario…

En el exterior, Pegaso forcejeaba con Anna para que ésta lo suelte. En poco tiempo lo dejaría sin respiración, así que al notar este hecho, Senshi de Dragón se esforzaba por separarlos.

De pronto, los jóvenes se detuvieron intempestivamente al ver que la cadena triangular de Andrómeda empezaba a moverse por voluntad propia.

—¡Ahora eres tú la que está llamando la atención, mocosa! —le imprecó el Fénix a su sorprendida compañera—. ¡Deja de estar jugando con tu cadenita!

—¡Cállate, Evan! —replicó la chica mientras luchaba por contener el arma—. ¡¿Acaso sientes que mi cosmos mueve la cadena?! ¡Algo está haciendo que reaccione por sí sola!

La cadena señalaba desesperadamente la parte inferior de las escaleras y batallaba por escapar de las manos de su dueña, a tal punto que empezó a arrastrarla poco a poco.

—Mi maestro Shun me explicó que la cadena reacciona cuando percibe una presencia amenazante. No podría ser que…

Andrómeda detuvo su explicación repentinamente, al sentir una extraña perturbación cósmica. La misma que también pudieron percibir Atenea, los Caballeros Dorados y sus compañeros de Bronce.

—Esto… no puede ser… ¿Qué es este cosmos tan terrible que... ha arribado al Santuario? —musitó un aterrado Kiki de Aries, al notar que un poderoso invasor se acercaba a una velocidad vertiginosa al lugar de la reunión.

Continuará…

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